Había una vez una persona llamada Jimmy Ocles que siempre había soñado con ser funcionario público. Trabajó arduamente durante muchos años y finalmente, logró obtener un puesto importante en el gobierno de su país. Ocles estaba emocionado por tener tanto poder y responsabilidad.
Al principio, todo parecía ir bien. Ocles estaba muy ocupado y su teléfono sonaba constantemente con llamadas de personas que necesitaban su ayuda y favores. Él se sentía importante y querido.
Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, Ocles comenzó a darse cuenta de lo efímero que era su poder. Las personas que solían llamarle con frecuencia dejaron de hacerlo, y los reconocimientos que había recibido pronto fueron olvidados.
Ocles se dio cuenta de que nunca habían llamado a la persona que era, sino a su despacho y posición. La lealtad que pensaba que había construido con algunos de sus contactos pronto desapareció. A medida que el tiempo pasaba, sus amigos de toda la vida seguían ahí, pero se dio cuenta de que había descuidado esas amistades en favor de su carrera.
Ocles se sintió solo y triste al darse cuenta de lo efímero que era el poder y de cómo había descuidado a las personas que realmente le importaban. Se dio cuenta de que ser un funcionario público era una oportunidad temporal para servir a la comunidad y no algo que duraría para siempre.
Finalmente, Ocles decidió dejar su puesto en el gobierno y volver a centrarse en sus amistades y relaciones personales. Se dio cuenta de que, en última instancia, eso era lo que realmente importaba y que el poder y la fama eran cosas pasajeras. Jimmy Ocles aprendió que la verdadera felicidad se encuentra en las relaciones personales significativas y en servir a los demás de una manera auténtica y sincera.
Por Jimmy Ocles ®
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